OBSERVAR, PREGUNTAR Y ESCUCHAR: EL ACOMPAÑAMIENTO DE LA COMUNIDAD EDUCATIVA

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Gerardo Guzmán

Coordinador del Proyecto Marista Tejiendo Sueños

En la misión educativa marista, acompañar no es una tarea secundaria ni un complemento opcional. Es una forma concreta de estar presentes, de hacer comunidad y de anunciar, en medio de la vida cotidiana, la Buena Noticia de un Dios que camina con su pueblo. Acompañar es, en esencia, un acto profundamente humano y evangélico, es la pedagogía de la presencia.

Tejiendo Sueños es una iniciativa de la Provincia Marista de América Central, surgida del llamado del Papa Francisco a ser "una iglesia en salida" (Evangelii gaudium, 20). El proyecto visita centros escolares públicos de la zona llamada Cordillera del Bálsamo y provee apoyo educativo a los directores a través de Escuelas de Familia, convivencias con los estudiantes y talleres socio-emocionales con los docentes.

A lo largo de los años, he aprendido que acompañar comienza con tres acciones sencillas, pero transformadoras: observar, preguntar y escuchar. Observar con atención amorosa, para reconocer lo que a veces no se dice con palabras. Preguntar con genuino interés, para abrir puertas y tender puentes. Escuchar con el corazón, para acoger la historia del otro con respeto, sin prisa y sin juicio. 

Ese es, precisamente, el espíritu que anima al Proyecto Marista Tejiendo Sueños. Un proyecto que busca hacerse presente allí donde los niños y los jóvenes están, donde una comunidad educativa carece de apoyo, orientación, esperanza o simplemente necesita una presencia cercana que le recuerde que no está sola. Porque educar también significa cuidar; y cuidar empieza por ‘estar’. 

Una comunidad que necesita ser acompañada. 

A menudo pensamos en el director como la persona que sostiene, orienta y acompaña a los demás. Y es verdad. Pero también él necesita, en determinados momentos, ser sostenido, con presencia y herramientas para acompañar debidamente a su comunidad educativa. 

Al inicio de este año un centro escolar que forma parte del Proyecto vivió uno de los momentos más dolorosos que pueden sucederle a un equipo de trabajo: la pérdida de un docente muy querido, cuya muerte por suicidio dejó una herida honda, pues era docente de ocho secciones en un centro escolar de nueve. El desconcierto, la tristeza, las preguntas e, incluso, un sentimiento de culpa, se instalaron en los pasillos, en las aulas y en el corazón de todos sus alumnos y compañeros. 

Nuestro acompañamiento comenzó, precisamente, hablando con el director. Antes de pensar en estrategias o protocolos, era necesario escucharlo, conocer sus temores y la enorme responsabilidad que sentía. 

Desde esa escucha, fue posible ayudarle a sostener a su comunidad: acompañar al equipo docente, generar espacios de contención para los estudiantes, facilitar el acercamiento de equipos de salud mental para el procesamiento del duelo. Descubrimos que el acercamiento al equipo docente con una actitud de escucha ha favorecido una catarsis que ayudó a encontrar luz en el ‘sin-sentido’, por el tipo de pérdida que sufrieron. 

Cuando un estudiante descubre que su voz importa 

Algunas de las transformaciones más significativas ocurren en momentos aparentemente pequeños. 

Durante una convivencia escolar, un niño permanecía en silencio, evitando participar. Su mirada revelaba inquietud y cierto temor. Al acercarnos, con delicadeza, pudimos comprender la razón: tenía miedo de que nos diéramos cuenta de que, aun estando en cuarto grado de primaria, no sabía leer ni escribir1. El esfuerzo que le suponía la lecto-escritura le hacía sentirse inseguro, pues sus dificultades en esta habilidad han sido motivo de anulación de su participación, de su opinión, de su persona, en suma, un niño sin voz. 

En lugar de insistir en aquello que le generaba ansiedad, buscamos otra puerta de entrada. A través de la cercanía, estrategias lúdicas y estimulando su confianza le hicimos sentir que su opinión era valiosa, que podía participar compartiendo sus ideas, sus iniciativas, aquello que pensaba y sentía. Poco a poco, la tensión fue cediendo. 

Entonces ocurrió algo hermoso: comenzó a levantar la mano, a sonreír, a involucrarse activamente. Descubrió que había un lugar para él, que podía ser escuchado y valorado más allá de sus dificultades. 

Ese día no solo participó en una actividad. Ese día experimentó algo esencial para todo proceso educativo: la certeza de que su voz importa. 

Acompañar para evangelizar 

En el corazón del carisma marista, heredado de san Marcelino, late una convicción esencial: para educar hay que amar, y para amar hay que hacerse cercano. La educación marista no se limita a transmitir conocimientos; busca tocar el corazón, despertar la esperanza y revelar en cada persona la presencia amorosa de Dios. En palabras de nuestro amado fundador: “Dar a conocer a Jesucristo y hacerlo amar.” 

Eso es, en definitiva, lo que procuramos vivir a través del Proyecto Marista Tejiendo Sueños. Cada conversación, cada visita, cada espacio de escucha y cada proceso de acompañamiento son oportunidades para anunciar el Evangelio con hechos concretos. Porque evangelizar, en el ámbito educativo, muchas veces significa simplemente estar, escuchar, comprender y caminar al lado. 

Observar, preguntar y escuchar no son solo habilidades profesionales. Son actitudes profundamente evangélicas. Son la manera en que Jesús se acercaba a las personas. Son también la manera en que, como maristas, queremos seguir haciéndonos presentes en la vida de directores, docentes, estudiantes y familias. 

Hoy, más que nunca, nuestras comunidades educativas necesitan personas dispuestas a acompañar. Personas capaces de tender la mano, de sostener la esperanza y de creer que toda vida puede florecer cuando encuentra acogida. 

Por eso, la invitación está abierta. A quienes sienten el llamado a servir, a escuchar y a caminar junto a otros, les decimos: hay un lugar para ustedes. Sumarse como voluntarios al Proyecto Marista Tejiendo Sueños es una forma concreta de seguir tejiendo esperanza, comunidad y futuro. Porque cuando acompañamos con amor, también estamos construyendo Reino de Dios.  

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