El salto del Liceo San Luis hacia una cultura de presencia y fraternidad.
Oficina de comunicaciones
Redacción Provincial
En el Liceo San Luis (Santa Ana, El Salvador), un gesto cotidiano está ayudando a transformar la vida escolar: al iniciar la jornada, muchos estudiantes guardan su teléfono en un locker. No se vive como castigo, sino como una decisión pedagógica para recuperar algo que hoy vale oro en cualquier aula: la atención, la convivencia y el encuentro real.
De ahí nace el proyecto “Desconectar para conectar mejor: La verdadera conexión está en la fraternidad”, una iniciativa que regula el uso de dispositivos móviles en clases, recesos y actividades institucionales. En esencia, no busca “apagar” la tecnología, sino educar el modo en que la usamos: con criterio, intención y equilibrio.
“Como comunidad marista, reconocemos que el aprendizaje auténtico surge cuando damos valor a lo esencial: escuchar, mirarnos, atender al otro y generar vínculos reales.”
— Salvador Buendía, director del Liceo San Luis
Un tema pedagógico urgente: aprender a aprender en tiempos de hiperconexión
El celular se ha convertido en una herramienta poderosa, pero también en un factor que compite constantemente por la atención. En el aula, esa competencia no es menor: impacta la concentración, el ritmo del aprendizaje, la participación y la capacidad de sostener un proceso profundo (leer, resolver, escribir, escuchar, dialogar). En la convivencia, además, puede reducir espacios de conversación espontánea, juego, escucha y vínculo, que son parte esencial del crecimiento integral.
Por eso, el proyecto parte de una pregunta formativa: ¿cómo educamos la libertad y la responsabilidad digital en niños y jóvenes? La respuesta no se queda en prohibir o permitir sin límites, sino en enseñar a elegir: cuándo el teléfono suma como recurso educativo y cuándo interfiere con el aprendizaje y la relación.
Regular sin prohibir: tecnología con intención educativa
El enfoque del Liceo San Luis evita los extremos. No propone una “guerra contra la tecnología”, sino un marco claro para su uso: el celular puede ser un recurso cuando tiene propósito pedagógico y acompañamiento docente. Esto devuelve al aula un orden saludable: se protege el tiempo de estudio, se mejora el clima de clase y se promueve una participación más activa.
La instalación de lockers para estudiantes de 4.º a 11.º grado responde a la misma lógica: crear momentos y espacios libres de distracción para favorecer el aprendizaje y el encuentro. Al mismo tiempo, el proyecto se complementa con acciones formativas: ciudadanía digital, autocuidado tecnológico y acuerdos de convivencia que ayudan a que la norma no sea un “impuesto”, sino una cultura compartida.
En esta construcción cotidiana, también ha sido clave el acompañamiento cercano a los estudiantes. Como lo expresa Alexia Magaña, Consejera escolar de 5° a 11° grado, regular el uso del celular no es un simple ajuste operativo, sino una decisión formativa que se conecta con la identidad marista y con la calidad del vínculo en la comunidad educativa:
“Regular el uso del teléfono celular en nuestros centros educativos es un acto de cuidado, coherencia y fidelidad al espíritu marista. Esta práctica favorece relaciones más asertivas entre los estudiantes y promueve una comunicación auténtica y respetuosa.”
— Alexia Magaña, Consejera escolar de 5° a 11° grado
Una alianza clave: escuela y familia
Un componente importante es que el proyecto no se entiende solo como un asunto escolar. En primera infancia, por ejemplo, se impulsa una campaña dirigida a madres y padres sobre tiempos de pantalla y acceso temprano a redes sociales. La razón es simple: los hábitos digitales se forman desde casa, y la escuela necesita coherencia y acompañamiento para que el cambio sea sostenible.
Así, el proyecto se vuelve una propuesta educativa integral: estudiantes, docentes y familias colaboran para construir rutinas más sanas, con límites claros y diálogo.
Primeros frutos y horizonte de crecimiento
A corto plazo, el colegio espera mejorar la concentración, fortalecer vínculos y recuperar serenidad en los espacios compartidos. A mediano plazo, el objetivo es más profundo: consolidar una cultura de presencia donde el estudiante aprenda a autorregularse, a discernir y a sostener la atención, habilidades cada vez más necesarias para la vida académica y personal.
En esa línea, el Liceo San Luis observa el proceso con indicadores cotidianos: participación en aula, clima escolar, interacción en recreos, manejo de ansiedad y retroalimentación de docentes y familias. No se trata solo de “que no haya celulares”, sino de que haya más aprendizaje y mejor convivencia.
Conectar mejor: volver a lo esencial
En tiempos donde todo busca nuestra atención, este proyecto propone un “salto” sencillo pero valiente: crear espacios para estar presentes. Porque, al final, la escuela no solo enseña contenidos; también educa la manera de vivir, de relacionarnos y de cuidar al otro. Y en esa misión, el Liceo San Luis recuerda una verdad esencial: la verdadera conexión está en la fraternidad.
De ahí nace el proyecto “Desconectar para conectar mejor: La verdadera conexión está en la fraternidad”, una iniciativa que regula el uso de dispositivos móviles en clases, recesos y actividades institucionales. En esencia, no busca “apagar” la tecnología, sino educar el modo en que la usamos: con criterio, intención y equilibrio.