Mi Viaje como Laico Marista

Mi travesía con el carisma marista

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Por: Osberto Juárez

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Mi travesía con el carisma marista inició cuando el primero de nuestros tres hijos se matriculó en el Liceo Guatemala. No fue sino hasta años después, durante un retiro de padres, que una fraternidad —la primera de la Provincia— nos extendió una invitación para explorar más sobre el Movimiento Champagnat de la Familia Marista. En agosto de 2004, ese llamado resonó profundamente en mí.

Este encuentro marcó el inicio de una etapa de crecimiento personal y espiritual. A través de Hermanos y laicos extraordinarios, Dios me señaló el sendero que tenía destinado para mí. Empecé a comprender que el ser marista era cómo yo deseaba seguir a Jesús. Diversos procesos de formación y experiencias vitales intensificaron mi deseo de abrazar y vivir el carisma marista como mi esencia y modo de vida.

Este recorrido no solo ha sido de autodescubrimiento. También me ha impulsado a compartir con otros laicos las bendiciones y dones que Dios me ha otorgado. Me ha motivado a ser más empático y consciente de realidades ajenas, con un enfoque particular hacia los niños y jóvenes en situaciones vulnerables.

Ser un laico marista va más allá de simplemente mostrar una identidad en eventos concretos; se trata de vivir con una “actitud marista” en cada momento, ya sea en casa, en el trabajo o en la calle. Esta identidad se manifiesta en distintas facetas de mi vida: soy miembro de la fraternidad “Divina Misericordia”, participo en el equipo de catequesis de confirmación del Liceo Guatemala y sirvo como delegado de Guatemala en la Comisión Provincial de Laicado. Para mí, ser laico marista es un compromiso de ser el reflejo del amor de Dios donde más se requiera.

La figura de María es fundamental en mi vida como laico marista. Su sabiduría, introspección y confianza absoluta en Dios inspiran mi espiritualidad marista. María me guía, permitiéndome percibir la presencia y obra de Dios en mi vida, y ayudándome a reconocer Su amor y misericordia.

Si bien mi vocación es personal, es indispensable compartir con aquellos que buscan vivir de manera similar. La vivencia comunitaria es esencial en mi camino espiritual. A través de la fraternidad, el equipo de catequistas y la comisión, encuentro espacios de meditación, oración y desarrollo personal. En estas comunidades, mi vocación se fortalece y me siento impulsado a vivir el Evangelio, contribuyendo así a la misión de la Iglesia.

Hoy, Dios me insta a continuar profundizando en mi vocación laical marista, a seguirle buscando y a caminar conjuntamente con hermanos y laicos. Nuestro propósito es hacer realidad el sueño de Champagnat y manifestar el Reino de Dios en las circunstancias actuales de nuestro mundo.

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