Jornada de la vida consagrada 2026

Picture of Oficina de comunicaciones

Oficina de comunicaciones

Redacción provincial

Ayer, 2 de febrero 2026, iniciamos la Jornada de la Vida Consagrada. Y lo hacemos con una imagen que, por su sencillez, lo dice todo: la presencia que permanece.

Ayer, 2 de febrero 2026, iniciamos la Jornada de la Vida Consagrada. Y lo hacemos con una imagen que, por su sencillez, lo dice todo: la presencia que permanece. No se trata de “quedarse” como quien aguanta por obligación, ni de resistir desde la inmovilidad. Se trata de permanecer al modo del Evangelio: cerca, atentos, disponibles… con una esperanza activa que no se rinde y que, silenciosamente, siembra paz.

En vísperas de esta celebración, el H. Juan Carlos Bolaños Viscarra compartió a la Provincia un material para la oración personal y comunitaria —un recurso para la oración y el documento de lectura y meditación del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica— y, con palabras muy sencillas, nos puso en el centro del sentido de estos días: “Unidos a tantas religiosas y religiosos del mundo, reafirmamos el don de nuestra vocación, vivida con alegría y entrega.”

Esa frase tiene algo de acto comunitario: no es solo una idea bonita, es un volver a decir “sí” juntos, con gratitud, sin estridencias, desde la vida real.

El mensaje del Dicasterio nos sitúa también en el mundo real: un mundo marcado por conflictos, tensiones sociales, migraciones forzadas, nuevas pobrezas y heridas que a veces parecen no cerrar. Y, sin embargo, en medio de ese escenario, la vida consagrada continúa siendo una señal: una forma concreta de decir que Dios no se ha ido, que la compasión no se ha extinguido y que la fe todavía puede tener rostro humano. 

Hay frases que, cuando se leen despacio, se vuelven brújula. Una de ellas atraviesa el texto con fuerza y fue destacada también en el mensaje compartido para esta Jornada: “Ser presencia que permanece, junto a los pueblos y personas heridas…”. Y el propio texto aclara con firmeza lo que esto significa: “Permanecer, en el sentido evangélico, nunca es inmovilidad ni resignación, sino esperanza activa, que genera actitudes y gestos de paz.” 

En clave marista, esta “profecía de la presencia” tiene un sabor familiar. Porque nuestro carisma se entiende desde la cercanía: la fraternidad sencilla, la vida compartida, el acompañamiento paciente y la misión educativa como lugar privilegiado para cuidar la vida y la dignidad. Permanecer, para nosotros, no es un concepto abstracto: es una manera de estar. Es optar, una y otra vez, por la fidelidad cotidiana que sostiene procesos humanos reales, especialmente allí donde la fragilidad es más evidente.

En este contexto, la Jornada también se vuelve una conversación honesta con los jóvenes —y de forma especial con quienes llevan dentro la inquietud vocacional—. No porque la vida consagrada sea una “idea bonita” o un camino reservado para quienes ya lo tienen todo resuelto, sino porque precisamente nace en el terreno de la vida real: donde hay búsquedas, preguntas, temores, deseos profundos y necesidad de sentido. La vocación no siempre llega como certeza inmediata; muchas veces se presenta como una inquietud que vuelve, como una atracción interior, como una invitación a mirar la vida con más hondura. Y ahí, esta Jornada nos recuerda que Dios sigue llamando… y que su llamada no aplasta: ensancha.

En el material preparado para esta Jornada, la oración comienza de forma muy simple: haciendo silencio, tomando conciencia de la presencia de Dios y ofreciendo el día con una súplica que es casi una manera de vivir: “Hazme instrumento de tu paz”. También nos regala palabras que tocan el corazón por su realismo: “porque hoy no tienes labios… aquí tienes los míos… porque hoy no tienes manos… aquí tienes las mías…”. Es una forma de recordarnos que la vocación —sea como vida consagrada o como entrega laical comprometida— siempre termina traduciéndose en lo concreto: presencia, servicio, cuidado, ternura firme, paz trabajada. 

Y es aquí donde el sentido de esta Jornada se abre con naturalidad al público en general. Porque la vida consagrada no es un mundo aparte ni un gesto aislado: es un don para la Iglesia y para la sociedad. En cada comunidad religiosa, en cada hermano, en cada religiosa, hay una historia de entrega que sostiene la misión silenciosamente: educando, acompañando, formando, visitando, escuchando, levantando la esperanza donde se quebró. Muchas veces sin aplausos. Casi siempre sin cámaras. Pero con una fidelidad que deja huella.

Mirar con gratitud la vida consagrada es, también, reconocer cuánto bien se ha sembrado en nuestras familias, en nuestros colegios, en nuestras obras sociales, en nuestras comunidades. Y en el caso marista, reconocer el valor de una vocación que ha elegido estar al lado de niños, niñas, adolescentes y jóvenes; que ha entendido la educación como misión evangélica; y que ha hecho de la fraternidad una forma de anunciar a Jesús al estilo de María.

Que esta Jornada nos encuentre con el corazón despierto: agradeciendo el don de cada hermano, rezando por las vocaciones que nacen y acompañando con cariño a quienes disciernen. Que el testimonio de San Marcelino Champagnat nos enseñe a vivir una presencia cercana y sencilla; y que María nos forme en ese estilo de fe que no hace ruido… pero permanece.

Materiales de reflexión

Otros artículos que te pueden interesar

¡Síguenos en redes sociales!

Artículos que te pueden interesar

Jornada de la vida consagrada 2026
Jornada de la vida consagrada 2026 Ayer, 2 de febrero 2026, iniciamos la Jornada de la Vida Consagrada. Y lo hacemos con...
Escuela de Líderes 4: jóvenes maristas eligiendo su camino
Escuela de Líderes 4: retiro marista de vocación y liderazgo juvenil Del 15 al 19 de enero, el Centro Marista de...
Ser hermano hoy: dos nuevos postulantes en América Central
Nuevos postulantes en América Central El sábado 10 de enero, la capilla de la Escuela Marista (zona 6, Chinautla...
Colegio Marista La Inmaculada: La solidaridad – el legado que los estudiantes llevan en el corazón
La solidaridad que nos forma: el legado que los estudiantes llevan en el corazón Un valor que madura con ellos y ahora...
XXIII Capítulo General:  Lo que pasó y lo que viene
XXIII Capítulo General: lo que pasó y lo que viene ¡Vayan, Maristas de Champagnat! Sean un hogar para todos, un río de...
EDITORIAL Navidad 2025: Mirando más allá…
Editoral Navidad 2025: Mirando más allá Con ánimo renovado sigamos codo a codo impulsados por el espíritu de Champagnat...
Scroll to Top

CONTÁCTANOS