Escuela de Líderes 4: retiro marista de vocación y liderazgo juvenil
Oficina de Comunicaciones
Redacción Provincial
Del 15 al 19 de enero, el Centro Marista de Formación (Guatemala) se convirtió en hogar de silencio, preguntas profundas y encuentro fraterno, con la realización de la Escuela de Líderes 4: una experiencia de retiro y profundización de las opciones de vida para jóvenes que transitan la última etapa de Comunidad Remar.
Durante estos días participaron 31 jóvenes, principalmente de Guatemala y El Salvador, con una pequeña representación de Nicaragua y Costa Rica, en edades entre 24 y 30 años. El retiro fue acompañado por un equipo de hermanos y laicos de Pastoral Juvenil, que caminó con ellos en espacios de oración, reflexión y discernimiento.
Más que un evento, la Escuela de Líderes 4 se vivió como un “detenerse” intencional: una pausa para reconectar con Dios, con la comunidad y con la propia historia, mirando con serenidad las decisiones tomadas y las que vendrán.
Un retiro para discernir desde lo cotidiano
En la tradición marista, acompañar a los jóvenes no significa solo ofrecer actividades, sino abrir procesos donde la vida pueda ser leída con sentido. En la Escuela de Líderes 4, las preguntas fueron tan simples como decisivas:
¿Qué sentido quiere Dios para mi vida?
Así lo expresa Javier Andrés Martínez Rubio (El Salvador), quien describe la Escuela de Líderes 4 como un espacio de “reconexión con la vida marista, formación cristiana y encuentro con amigos”, pero sobre todo como un ejercicio de reconocimiento personal que lo ayudó a retomar —o continuar— el camino del discernimiento.
Entre los aprendizajes que más le marcaron, Javier subraya uno concreto: disponerse a seguir a Jesús con constancia, especialmente desde la lectura del Evangelio, reflexionándolo y llevándolo a la vida en sus cuatro dimensiones: con uno mismo, con Dios, con los demás y con el entorno.
“Mi vida es mi vocación”
Para Mónica Sancho Cordero (Costa Rica), la experiencia llegó como lo que “en este momento necesitaba” su corazón: un espacio para compartir y vivir el carisma marista de forma cercana y amorosa.
En su testimonio, Mónica pone palabras a una intuición que muchos jóvenes viven en silencio: la vocación no se reduce a un “momento religioso” del día, ni a un compartimento aislado.
La Escuela de Líderes 4 le recordó que la vocación se vive en todos los aspectos de la vida, porque, en el fondo, la vida misma es vocación.
Mónica también comparte cómo el retiro la animó a seguir caminando desde una entrega constante: “atreverme a incomodarme un poco”, salir de sí y auto-donarse a los demás, abrazando el regalo de vivir con esperanza, especialmente cuando se vive en comunidad. Y lo resume con una misión que nos reúne como familia marista: “dar a conocer a Jesús y hacerlo amar”.
“Una cosa te falta”: cuando el corazón habla
Uno de los ecos más hondos que dejó la Escuela de Líderes 4 aparece en la reflexión de Javier, cuando retoma una frase que sigue resonando en su interior: “Una cosa te falta…”
Con honestidad, reconoce que fue una experiencia incómoda —y justamente por eso, transformadora—, porque cuando uno se encuentra con Jesús y consigo mismo, ya no hay espacio para excusas ni para esconderse. En el silencio, descubre que lo que faltaba no era algo que no tuviera, sino soltar lo que había acumulado de más: la comodidad, el apego, un estilo de vida que no da paz.
Su cierre es una síntesis preciosa de lo vivido: gratitud por la oportunidad de discernir, por tomarse la vida en serio, por la libertad de evaluar opciones… y por saberse acompañado por su comunidad y familia marista. Con alegría y esperanza, dispone su corazón para “ponerse detrás de Jesús”.
“Sígueme”
Para Alondra Torrez (Nicaragua), una sola palabra fue suficiente para ordenar por dentro todo lo vivido en la Escuela de Líderes 4. “Sígueme” resonó con fuerza en su corazón y la llevó a preguntarse qué significaba realmente para su vida. Al inicio se sintió abrumada, porque intentó responder desde la razón, hasta descubrir que la respuesta solo llegaría cuando se atreviera a hacer silencio y abrir el corazón.
En su testimonio, Alondra reconoce que seguir a Jesús es asumir el camino desde el amor: saberse hija amada y sentirse invitada a amar como Él ama. Es también abrazar las propias heridas y descubrir el paso de Dios en ellas, agradeciendo su mirada compasiva y tierna que acompaña y trasciende toda circunstancia.
Después de estos días, en los que pudo reconocerse “creada con amor, llamada al amor y enviada en el amor”, Alondra comparte que hoy puede dar un paso más firme en su opción por Jesús y el Evangelio. Aun con miedos e inseguridades, su respuesta —sostenida en el amor— se vuelve sencilla y valiente: decirle que sí.
Un fruto que continúa
Aunque han pasado algunos días desde el retiro, los frutos de la Escuela de Líderes 4 no se quedan en el Centro Marista de Formación: se convierten en camino. En cada joven queda sembrada una convicción: Dios sigue llamando, y la vocación —sea cual sea la forma concreta que tome— se construye en lo cotidiano, en comunidad y con valentía.
La Escuela de Líderes 4 fue, en esencia, un recordatorio vivo de que la Pastoral Juvenil marista no busca solo formar líderes “capaces”, sino personas con corazón discerniente, disponibles para servir, para amar y para iluminar la realidad con el Evangelio